In-certidumbre

Hace unos días andaba yo furiosa con la medida de uso de mascarilla obligatoria. ¿Cómo se atrevían? ¿Dónde quedaba mi libertad individual? Y ciertamente, todo eso queda ahí, no voy a renunciar a hablar, a reunirme, a tocar y a abrazar. Lucharé, ciertamente. Pero me vino de repente el recuerdo tantos pueblos luchando con la cara tapada: la Intifada, el pueblo zapatista y tantos otros. Y desde ese sentimiento abrazaré la mascarilla, durante un tiempo, para sumarme a la lucha enmascarada por si hace falta. Os lo cuento por si os sirve, mientras vamos viendo cómo salimos de esta, usemos la máscara desde esta postura: lucha y resistencia. Por eso, la ilustración de portada, del Gran Om, seguidle la pista a este divino creador.

Ando soñando la lucha indígena europea, abrazando la soberanía de sus pueblos y de sus culturas ancestrales. Abrazando a la Vieja Europa, rescatando sus raíces, que resurja esa Vieja.

In / certidumbre: separo el prefijo, pues lo que realmente me ha traído la Pandemia es el sustantivo. Certidumbre, certeza, quitando la paja, escarbando para sacar el diamante y quedarme con lo esencial.

Tras la trilla, no queda más que eso: certeza. Certeza que mañana puede no existir. ¿Fue acaso de otra manera, alguna vez? No. Aunque se me olvidó. Se nos olvidó el hecho de que estamos de paso, siempre de paso y que hoy, ahora, es el único lugar posible para habitar.

Decidir, libre albedrío, qué hacer de cada día, con cada amanecer que se nos regala. Agradecer de primeras, el hecho de estar viva, de sentir el aire de la mañana, los pájaros trinando, la flor abriéndose, el cielo, la tierra. Minucias me parecieron en otros tiempos. Regalos absolutos son hoy.

Decidir qué veo, qué oigo, qué digo, qué acciono y desde qué lugar.

Olvidar los dolorosos pasados que mantuve en la memoria demasiado tiempo, dejarlos atrás, agradecer lo que trajeron, mantener viva la enseñanza y plantarme en el Hoy..

Relacionarme desde el afecto, cada día: una llamada a quien sé que me necesita, un abrazo a quien tengo cerca, una risa, una sonrisa, mirar desde otro ángulo lo que antes pudiera haber motivado un enfado, un saludo a la vecina, un ¿necesitas algo?…

Aprovechar el tiempo de pandemia para contagiar afecto.

Cuidarme yo, sin exigencia, sin querer ser otra que no soy.

Ser yo, entera, completa, plena.

Maldecir también a los que siguen sin entender que el tiempo del abuso ha de acabar. Pero no aferrarme a la rabia, no dejar que crezca, no acercarme a la violencia, ni tampoco esconderme tras la impotencia: hacer lo que puedo… Y puedo, claro que puedo, siempre puedo.

Camino por esta senda in-cierta, confiada. Te veo, te siento. Estás. Te abrazo, si puedo con carne, si no, te lo mando y sé que mi poder y el tuyo se funden en ese tierno abrazo que nos llena de calor humano, de la seguridad que da la manada Pienso en les que no tienen hoy manada. Triste me pongo. Quiero darles. No llego a todo. Quisiera.

Humano. Ser humano. Volver cada día a preguntarme qué significa. Igual que hogar. ¿Qué es hogar? No depende ya tanto de una casa fetén, de un grado de confort, de un mueble de Ikea o de Leroy Merlín. He vivido más feliz en un cuchitril que en la casa con la que hipotequé mi vida durante unos años.

Mi hogar es el tronco que abrazo, el sendero de tierra que camino, el aire que me corre por la cara y levanta en un gesto grácil mi melena canosa. Mi hogar son nuestros abrazos, nuestro sostén, nuestro «caminemos juntes». Mi hogar es mi cuerpo bien nutrido, mi aliento, mis fluidos, mi piel, mi sexo… Mi hogar es ese poster que llevo conmigo desde hace 20 años, una vela encendida, un olor a guiso…

En fin, cosas que todes sabemos y que sin embargo se nos olvida casi a diario, entre tanto barullo…

Poder

Poder, puedo, puedes, podemos… también pueden, pero confío en que somos más les que transitamos esta in-certidumbre segures de que hay cosas que se acabaron y que no deben volver, mirar a los demonios desde lo lejos, cada vez más lejos, adiós, dolor sostenido, adiós sufrimiento, adiós egoísmo.

Nos fuimos tan lejos en la entrega del poder… Cuando «nos», digo Europa. Leo salpicado y muy de vez en cuando algunas noticias en torno a todo este tiempo. Sigo viendo frases tales como: «…los que se encargan de la política tendrán que repensar un nuevo sistema». Queriéndolo o no, la propia exposición del periodista nos quita el poder, nos dice: esto es demasiado grande como para que tú, pequeño ser humano, puedas hacer algo al respecto. Seguimos recibiendo desde todos los lugares la consigna invisible: tú no tienes poder. Y a nosotres nos va bien, que resuelvan otres. Pero es que resulta que hace tiempo que no se resuelve desde los que «se encargan de hacer política», porque ellos no hacen políticas, escriben proyectos de leyes, medidas urgentes y otras burocracias que poco tiene que ver con la política de pie de calle, que es la que se necesita en tiempos de urgencia. No pueden, están perdidos en ese gran meollo, en esa pegajosa telaraña.

Sin embargo veo tanto poder humano puesto en marcha: redes vecinales de cuidados, huertos colectivos que van creciendo, dinero que se comparte, comidas que se comparten, remedios que se comparten. Tenemos poder, y podemos más, es cuestión de creer y de crear.

Desde el trabajo de conciencia corporal y energética, sabemos que todo tiene que ver con el poder. Educades en un sistema que nos ha hecho creer que el poder está fuera, que se escribe con p mayúscula, que no tiene realmente cara, es un gran ente que además asusta, que castiga. Se nos ha colado el Dios Patriarca por todos los poros.

Antes era una de aquellas que siempre hablaba de «el poder», siempre lo tenía en la boca, el gran culpable de todo los males de este mundo, de «mi» mundo, de mis males, vivía en un egocentrismo brutal, inconsciente. Hoy decido seguir no dando bola a estas viejas y obsoletas creencias, y si hablo de «él», que sea para describirlo como pobre diablo, enfermo y decrépito.

Este es mi rezo:

Quieran los pueblos de Europa despertar del este gran letargo. Quieran los pueblos de Europa unirse en esta resistencia amorosa. Quieran los pueblos de Europa levantarse de a una. Quieran los pueblos de Europa apoyarse entre sí. Quieran los pueblos de Europa ejercer su Poder Soberano. Quieran los pueblos de Europa poner el cuidado en el centro de la vida. Quieran los pueblos de Europa amarse y respetarse.

Nunca pensé que rezaría… pero rezo, abrazo todo mi poder de manifestación, quiera tu rezo poderoso unirse al mío.

Bilbao. Foto de Aitor Pedrueza, El giróscopo viajero

Una respuesta a «In-certidumbre»

  1. Que maravillosas palabras, Cristina. Cuanta certeza.!. Me calman y animan mientras me dicen “tú puedes crecer cuerpo consciente”. Me ha gustado mucho. 🙏. Gracias por compartir.

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