In-certidumbre

Hace unos días andaba yo furiosa con la medida de uso de mascarilla obligatoria. ¿Cómo se atrevían? ¿Dónde quedaba mi libertad individual? Y ciertamente, todo eso queda ahí, no voy a renunciar a hablar, a reunirme, a tocar y a abrazar. Lucharé, ciertamente. Pero me vino de repente el recuerdo tantos pueblos luchando con la cara tapada: la Intifada, el pueblo zapatista y tantos otros. Y desde ese sentimiento abrazaré la mascarilla, durante un tiempo, para sumarme a la lucha enmascarada por si hace falta. Os lo cuento por si os sirve, mientras vamos viendo cómo salimos de esta, usemos la máscara desde esta postura: lucha y resistencia. Por eso, la ilustración de portada, del Gran Om, seguidle la pista a este divino creador.

Ando soñando la lucha indígena europea, abrazando la soberanía de sus pueblos y de sus culturas ancestrales. Abrazando a la Vieja Europa, rescatando sus raíces, que resurja esa Vieja.

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Me planto: mujer y escritura

La expresión artística, con su infinitud de manifestaciones, es una herramienta psico mágica poderosa para liberar, afirmar y atraer aquello que intuimos pero no sabemos cómo manejar desde la mente analítica. Dejar de operar desde la parte izquierda del cerebro y entrar en los terrenos por explorar del hemisferio derecho es lo que hacemos cuando conectamos con el arte.

Dejemos atrás esa estúpida idea que el arte pertenece a otros, a otras, que «yo no sé» dibujar, pintar, moldear, escribir, hacer música, cantar, bailar. Es imposible que no lo sepamos, otra cosa es que la vida nos haya alejado tanto de nuestro sagrado aspecto femenino que nos cuesta desbloquearlo. No estoy hablando sólo para mujeres.

Este tiempo sin tiempo que tenemos hoy, mañana, pasado la familia humana es propicio para darle un espacio y soltar la avidez, la rapidez de las redes sociales al menos unas horas.

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Non Stop Jolasa

Esta es la escena:

    Una familia de cuatro adultos y dos criaturas de unos 13 y 4 años llegan al espacio preparado de NON STOP JOLASA.

La niña pequeña coge a su madre de la mano y empieza a recorrer la sala grande. A mí me pregunta si hay columpios, y le contesto que tenemos lo que ve, más lo que le voy a enseñar ahora si ella quiere. Nos dirigimos a la “Salaraña”, el nombre con el que he bautizado para mis adentros la sala donde el primer día que sólo vino una chica y no teníamos que acompañar mucho, me dediqué a unir con una bobina de hilo tela elástico rojo, las distintas alcayatas que me iba encontrando en las paredes. Me entregué de lleno a la maravillosa misión de buscar en la pared la mejor opción para el siguiente enlace, y así de a poco, fui dibujando lo que en mi cabeza se va asemejando a una telaraña gigante. Mientras estaba en ello, divaguésobre el hecho de que, quizás, asociar una telaraña con el color rojo tiene una clara referencia a Spider Man. Reflexioné sobre mi ecléctica y cada vez más sincrética mente. Acabé por pensar que me gusta haber vividas varias vidas y haber guardado un poco de cada una.

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