Infancia

Hola Oli

Tú y yo hablamos alguna vez de esta cosa de no ser de ninguna parte y de todas un poco.

Papá en la mili

Nacimos en Francia porque Ama, que entonces no lo era, se fue a París con su hermana, mientras Papa, por entonces su novio, pasaba 18 meses entre Melilla y Fez, haciendo la mili con La Legión. (o fueron 21??, no recuerdo, en todo caso un tiempo largo).

La idea era trabajar, que allí había mucho trabajo para las españolas, y ahorrar para la boda y para empezar una vida juntos, en Hernani, allí donde nacieron y se conocieron cuando tenían Ama 14 y Papá, 16.

Pero París en el 63 del siglo pasado fue revolución para estas hermanas salidas de la profundidad de la pobreza que sembró el franquismo. No creo que seamos un caso aislado, pero llama la atención recordar de dónde venimos y a donde hemos llegado en tal solo una generación…

Ama salió de la escuela a los 11 años para ayudar en la casa donde vivían unas 18 personas. Cuenta que tenían tres mesas y que cada familia comía «lo suyo», algunas no les faltaba y otras pasando hambre. Eso de compartir en tiempos de postguerra no ocurrió en el seno de nuestra familia, el bisabuelo debía de ser un cabronazo…

A los 12 Ama ya servía en una casa de Donosti de donde mi abuela la sacó montando un escándalo en la puerta de la casa cuando mi madre le contó que el padre de la familia de San Sebastian le «tocaba». A los 14 años, a Zikuñaga, la papelera. Siempre habla de lo duro que era levantarse tan pronto (entraban a las cinco) y del frío que pasaban y de lo que pesaban las planchas de papel…

Si. París fue revolución. Aunque no hablaran ni una sola palabra, allí descubrieron que había vida más allá de la pobreza de la que salían. Ganaban más dinero de lo que podrían haber hecho en Hernani, sirviendo y limpiando con sus cofias y sus trajes en casas elegantes en París 18º. Las noches y los días libres, estaba París y sus fiestas, estaba la gente española haciendo tribu, estaba el rastro de las Pulgas, los monumentos, los escaparates, las gentes, la cultura…

Cuando imagino a Ama en París en esa primera época, veo a la versión española de Audrey Hepburn en «Desayuno con diamantes».

París, 1965

Así que resumiendo, el plan de ahorrar para volver se transformó en ¡¡¡Manolo, vámonos a Paris!!!

En el 65 se casaron y se instalaron en la portería de un edificio de pisos. Era una sola habitación, salón dormitorio y cocina a la vez, más un baño.

La Gannetière

Entrada de La Gannetière

En el 69, decidieron aceptar un curro en una finca enorme, en la región de La Sarthe, su capital Le Mans, nosotros cerca de un pueblo llamado Le Lude, que tiene un castillo de la Loire. Ama dice que no se veía criando a sus hijos en una ciudad. Por entonces yo era la única, tenía dos años, pero ella quería tener un niño.

«La Gannetière», así se llamaba la finca de 14 hectáreas. Los patrones eran una familia italiana que poseía esta tierra dedicada casi por completo al cultivo de manzanas, también algo de peras y más tarde, llegaron las cerezas. Las exportaban.

Oli y Ama

En el 73 llegaste tú, y mi madre consiguió que te criaras con ella, en su curro, impresionante la tía. Ella era la mujer que hacía de todo en la mansión de «los patrones», así les llamaba. Limpiaba, cocinaba, servía la mesa, se ocupaba de las vituallas. Era la verdadera dueña del lugar. Lo mismo sabía de las negociaciones comerciales que en la mesa que servía se gestaban, cómo sobre las intimidades familiares o sobre lo que había o no en el almacén. Recuerdo a Ama llegar a casa después del curro, sacando de debajo de su ropa alguna botella de vino o un pato, o un paté, cosas ricas…. No era robar, aunque yo lo vivía un poco así a mis 6 años. Era repartir abundancia.

Nosotros vivíamos en una casa dentro de la propiedad privada, «las dependencias» llamaban a esa zona. Consiguió que nosotros tuviéramos acceso a la piscina y a la pista de tenis de los dueños, consiguió que pudiéramos sentirnos como en casa en esa gran finca, y así fue.

Así que te criaste en la enorme terraza que rodeaba la casa de los patrones, junto al padre del patrón, que tenía 97 años cuando tú naciste y murió 5 años más tarde. Era una escena muy tierna, veros juntos. De primeras tú, bebé, ambos quietitos, con una manta por encima, durmiendo o mirando el hermoso paisaje, escuchando los pajaritos. Cuando empezaste a andar, pusieron una valla en la escalera para que no bajaras y corretearas por allí. Pépère, que así le llamabámos al anciano, te hablaba bajito y se reía de tus ocurrencias. Cuando notaba peligro, daba con su bastón en el suelo y tú parabas. No se me ocurre mejor cuidador.

Un pavo real entre los manzanos

Aparte de los terrenos plagados de hileras de manzanos y perales podados para mantenerse en la fila, en «La Gannetiére» había un bosque de castaños, un estanque con cisnes y carpas enormes. Había pavos reales por todas partes, los machos con sus plumas hermosas, gritaban «León, león» eso traducíamos. Había un enorme palomar y dos pinos gigantescos en el centro de una especie de plaza desde donde se repartían las dependencias: dos viviendas, una la nuestra y otra en la que vivieron durante unos años otra familia.

Oli, posando junto a un Morgan

Había una carpintería, que era donde trabajaba Papá y un taller de mecánica dónde se arreglaban los tractores y las rancheras que recorrían los campos de frutales. A ti te encantaba el taller de los mecánicos. Había patos y gallinas que criaban en un gallinero, una huerta, conejos, perros de caza ladrando cada vez que pasábamos. Y estaban los animales del bosque, búhos, ardillas, jabalíes, conejos, liebres, cuervos, zorros…

Creo que era en septiembre octubre cuando llegaba mucha gente a recolectar, el resto del año era un lugar activo pero muy tranquilo y nunca nadie nos dijo por aquí no vayas. Quizás no hacía falta, ya sabíamos donde sí donde no. Así todo nos colábamos…y nadie se enteraba.

Oli y yo, en la Gannetiére

Allí crecimos tú y yo. El pueblo estaba a dos km, y lo frecuentábamos poco. Los miércoles no había colegio en Francia y nos pasábamos el día solos y estaba genial. Yo iba a la compra en mi bici, y hacía la comida para Papá y nosotros,.Ama nunca venía a comer.

Yo te recuerdo en tu kart blanco, recorriendo la finca conmigo. Yo iba en bici. Pedaleábas super rápido, y habías aprendido a derrapar, no sé cómo lo hacías.

Pese a tener a unos padres que curraban todo el día, tuvimos una infancia feliz, yo entera, tú quizás demasiada acortada…

oli, con manzana y sapo

Nos vamos a Bilbao

Cuando Papá y Ama decidieron volver a España, era 1981. Para ellos fue volver, para nosotros, llegar. Veníamos todos los veranos y gran parte de las Navidades, nada más. Yo tenía casi 15 y tú casi 8. Bilbao fue la ciudad elegida porque allí estaba la tía Mari Cruz, que nos ayudó mucho a instalarnos. Papá montó una carpintería en Arabella. Ama, que había hecho mucha gimnasia y danza, se metió junto a dos socias en un proyecto para montar un estudio: Muelle 3 le llamaron. La última vez que estivimos juntos, en Noviembre del 20, estaban demoliendo el edificio donde estuvo Muelle.

Yo siempre he descrito este cambio de Le lude a Bilbao como convertir la potencia tan condensada, tan retenida que era yo, en una explosión tan potente como la de un sol…. Estaba en plena adolescencia.

Cómo la decisión fue precipitada, una especie de gota que colma el vaso (abusos sexuales a mi madre), salimos de La Gannetière sin despedirnos de nadie, en diciembre del 81. Yo me quedé interna en el instituto para terminar mi segundo de bachiller francés.

Vosotros tres os fuisteis a Bilbao, y mientras se vaciaba un piso en Solokoetxe, los viejos alquilaron en Txurdinaga, en los bloques de ajedrez, se les llamaba así en esa época, porque las fachadas blanquinegras parecían tableros. Recuerdo haber ido a visitaros en Semana Santa y flipar: un piso en las alturas, super pequeño y dónde se escuchaban los pedos del vecino. Recuerdo que vuestra situación me pareció triste. Tú estabas muy silencioso.

Te matricularon en el colegio francés por eso de que habías estudiado hasta entonces en francés. Pensaron que sería más fácil la transición.

Te tiraste casi un año sin hablar. Yo pienso que estabas en shock. Saliste de ese lugar en el que vivíamos con bastante libertad de movimiento, todo el día en la calle, todo el día en contacto con la naturaleza, en un ritmo lento… Llegar al Bilbao del año 82 fue super duro para un niño como tú. Así que no hablabas, sólo monosílabos. Y el colegio francés no era tu estilo…

Cuando yo terminé el curso en Francia y fui a Bilbao, ya teníamos el piso de Solokoetxe y al año siguiente entrarías al colegio de Arabella. Y poco a poco te fuiste aclimatando.

Yo no soy de aquí, pero tú tampoco…

Para volver al inicio de este post, esta sensación de la que hemos hablado de no saber muy bien de dónde somos…

Cuando vivíamos en Francia, allí éramos «los españoles» y cuando veníamos a Euskadi a visitar a la familia, éramos «los gabachos». Y cuando se es niña, niño, recibir estas calificaciones no te sienta bien. De primeras porque ya es bastante complejo situarte tal como están las cosas, cómo para que desde fuera añadan comentarios sobre tu situación ciertamente despectivos. A sabiendas además que los territorios están siempre compuestos de gente que viene y va. ¿Qué más da de dónde seamos? La vaca es de donde pace, no de donde nace.

Sin embargo es cierto que hay algo en el migrar que nos crece y otro algo que nos vuelve más vulnerables, quizás por esa falta de raíz, esa sensación de no pertenencia… Pero esto es cosa mía. Tú enraizaste en Bilbao. Eras bilbaíno, zona casco viejo y luego a la Bilbi.

Me emocionó la consternación de tanta gente, de gente muy cercana, por supuesto pero también de gente como los de la «Degus de Hernani». Aitor y Aimar me contaban, con los ojos llorosos, que no podían creerse lo que había pasado. Que, al menos que estuvieras de bolos por ahí, no había un día que no bajabas a tomarte tu Café y croissant por la mañana, y algunos días repetías con el cortadito de la tarde. Es que te imagino, os imagino, hablando del tiempo, del Athletí, del barrio, saludando al llegar y al marchar, una rutina saludable, una rutina de barrio habitado.

Así que tú eras de Bilbao, por eso cuando tuve que imaginar dónde esparcir tus cenizas, tuve claro que tenía que ser por ahí. Y quería también que fuera en algún lugar donde la naturaleza tuviera cierto protagonismo, porque estoy segura que seguía resonando en ti ese contacto en la infancia.

Yo no fui nunca al BBK festival, pero sé que tú lo disfrutaste, así me lo contabas. Así que subimos a Kobetas unos cuantos, a la zona «Basoa» del BBK, donde estaba la electrónica. Hicimos una pequeña ceremonia, a nuestra manera como huérfanos espirituales que somos, inventando con respeto.

Luego hicimos un picnic. Yo creo que te ha gustado.

Inventarme el duelo

¿Sabes qué, hermano? Con este post, me estás haciendo conectar con mi Niña Interior, esa que tantas veces imagino herida e incurable. ¿Y sabes qué, Oli? Me estoy reconectando con pedazos de mí misma, memorias celulares, largos tiempo de felicidad, de compartir contigo esa infancia que mantuvo la inocencia encendida y que hoy sigue siendo nuestra. Recuperar el arquetipo de la Niña Divina, que está en todas nosotras, en todos vosotros. No sólo somos herida. Ya está bien de refozar esa creencia, no creo en las terapias ni en las prácticas que se ceban en ahondar en el dolor. No digo que no haya que reconocerlo y transitarlo, pero creo que hay otras vías para sanarnos las penas: busquemos sanación en rememorar los momentos donde reinó el Placer. Busquemos a reproducir las mismas sensaciones que dejaron en el cuerpo. Y sobre todo, mantengamos los afectos.

La creencia de la Herida eterna es la creencia de la víctima eterna. Esa es ota trampa para mantenerte atada al sistema. Recuerdo. Acciono.

Y no se me ocurre mejor acción que fijar esa creencia: sabemos ser felices, sabemos cómo hacerlo posible. En el fondo fondo está la divina infancia, guiando. Esto extraigo de este duelo: ANCLARME AL AMOR. Ya veremos cómo es. Aprenderé, suave….

Tuvimos sublimes momentos que hoy siguen iluminando.

«Protection» fue el tema que elegí para dirigirte hacia tu pira.

Yo, pagana, inventándose sus propios rituales.

Porque ese tema sonó no sé cuantas veces durante el viaje de Amsterdam a Bilbao que hicimos juntos, en mi R5.

Y cada vez que sonaba el inicio nos callábamos…

Y escuchábamos, juntos

y sueltos a la vez… Un temazo. Magia Compartida.

Cómo niños Divinos que sois, Como niñas Divinas que somos.

Gracias Oli, hermano.

Un abrazo.

Puedes ver las cosas de Oli pinchando en las fotos abajo

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